Módulo 2: La producción científica y tecnológica dentro de una nueva ecuación civilizatoria
A pesar de todas las condiciones adversas, es innegable que la globalización hace un reconocimiento universal de la educación
como el instrumento que tienen los pueblos para asegurar su desarrollo personal
y colectivo; y aunque todavía el mundo gasta ochocientos mil millones de
dólares anuales en armas, cuando sólo bastarían seis mil millones para educar con
calidad a todos los niños del planeta, cada día se fortalece la conciencia colectiva
de la necesidad de invertir en educación como la mejor forma de crear más y
mejores oportunidades para el desarrollo humano y social.
Tampoco es novedad decirlo, pero es necesario reafirmar que la educación es la inversión
social con las más altas tasas de retorno, tanto para el colectivo social como
para las personas. Esto puede ser corroborado por una fácil deducción basada en
lo que se conoce del impacto generador que tiene una persona cuando su
desarrollo físico, cognoscitivo, emocional y social está en mejores condiciones
de contribuir al desarrollo de su sociedad, que otra que no lo esté. Existen
suficientes evidencias investigativas que indican que las naciones con una
mayor productividad y con reducción de costos, son producto de un mejor
desarrollo de los niños y jóvenes a partir de la misma gestación.
Pero
por encima de estas condiciones económicas, creemos que en América Latina el
fin último de la educación debería ser la formación de ciudadanos y de ciudadanía.
La educación debe servir para activar las iniciativas ciudadanas, la vida
local, municipal y nacional dentro de un marco institucional de poderes, con
valores democráticos.
Educar
en América Latina para ejercer el poder “no el poder sobre los demás sino el
poder con los demás”.
El
gran dilema en América Latina es que se debe construir una nueva cosmovisión de
la educación, no sólo aumentando cuantitativamente las oportunidades ni
cualificando los procesos pedagógicos. Debemos pensar en una educación menos
frágil al avance tecnológico, que permita una auténtica democratización de la
sociedad con valores e ideales intelectuales, políticos y culturales más
sólidos.
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